Una Semana de Milagros

por Hernán Toledo M.

Desde que volví de mi misión de tiempo completo, me he esforzado por seguir teniendo experiencias espirituales que fortalezcan mi testimonio y fomenten la fe de los demás. Sé que Dios tiene milagros preparados para quienes sean dignos de ellos. Y he pretendido esforzarme para serlo. Quizá merezca la intervención divina, o quizás mi Padre Celestial sólo ha decidido darme buenos impulsos para tener más ánimo. Sea cual sea la razón, lo cierto es que mi vida cada vez se llena con más felicidad al presenciar grandes milagros como el que me acaba de suceder.

Tres sábados atrás invitamos a las nuevas misioneras del barrio a almorzar en nuestra casa, y en esta ocasión ellas, luego de comer, nos leyeron unas escrituras y sintieron que debían comprometernos a nosotros dos (mi esposa y yo), a encontrar a alguien para enseñar y llevar a La Iglesia antes del día domingo de la semana siguiente, es decir, tendríamos 8 días de plazo. La reacción de hombre natural dentro de mí fue casi instantánea. Pensé: “Muy poco tiempo, considerando que en este barrio llevamos sólo unos meses, y no conocemos a nadie”. Sin embargo, no había pasado ni un segundo cuando mi esposa dice: “Sí hermanas, vamos a encontrar a alguien”. La miré y vi tanta seguridad en su respuesta que interiormente me avergoncé de mi hombre natural. Así que di vuelta mi mente, saqué valentía y compromiso para repetir: “Sí, lo haremos”.

Pues bien, desde el día lunes en nuestra noche de hogar comenzamos a orar para encontrar a alguien. Oramos también el martes un par de veces. Oramos el miércoles temprano. Fue entonces al medio día del miércoles cuando me habló Fabián, un amigo y compañero de clase en la Universidad, que conocí cinco años atrás, al cual no veía desde varios meses. Me dijo: “Hernán, quería contarte algo… Estoy asistiendo a tu iglesia desde unas semanas, y ya he recibido las lecciones de las misioneras, pero tengo dudas sobre la base de su doctrina. El Libro de Mormón ¿es verdadero? El plan de salvación que describe ¿es real? El Jesús del Libro de Mormón ¿es el mismo que el de la biblia?” Tuve un sueño con dos civilizaciones principales, una buena y otra mala, ¿qué significará?

Esta vez desde el primer segundo abandoné mi hombre natural, y ejercí fe pensando en la oportunidad que se estaba manifestando. Sentí que era la persona por la que estábamos orando cada día. Eso sí, creí que no sería tan fácil. Yo recuerdo que le enseñé sobre la Iglesia hacía cinco años, pero en ese entonces no creía. Me llegó a decir esa vez: pero ¿por qué tendría que existir un dios al que obedecer? Así que en esa época decidí enfocarme sólo en darle buenos ejemplos de amistad.

Con respecto a sus dudas, le respondí por email de manera muy detallada, mencionando evidencias del Libro de Mormón, y la doctrina del Evangelio de Jesucristo de la forma más clara que pude, terminando con mi testimonio sobre la realidad del plan de salvación.

Decidí con mi esposa, ir al templo al día siguiente y orar por él mientras realizábamos las ordenanzas, y desde el salón celestial. Luego de nuestras oraciones y sentimientos de fe por Fabián, nos sentimos tranquilos.

Llegamos a casa muy tarde cerca de medianoche. Me conecté para ver mis mensajes y apareció uno que decía: “Hernán, te quería pedir un favor enorme, sólo si puedes. Me quiero bautizar este mismo domingo, y quiero que tú me bautices”. En ese mismo segundo una lágrima de agradecimiento cayó por mi rostro. Mi corazón fue completo de alegría. En el plazo de 8 días no sólo habríamos encontrado una persona para llevar a La Iglesia, sino también para bautizarlo. Nuestras oraciones habían sido contestadas. Nuestro viaje al templo nos ayudó a mostrar un poder mayor. Las misioneras ejercieron mucha fe al comprometernos. Tal vez algunas cosas que viví con Él en el pasado le agradaron. En fin, fue un conjunto de acciones alineadas en un propósito: Invitarlo a venir a Cristo.

El día previo a su bautismo, lo llevé a la manzana del templo, para explicarle que luego de su bautismo su meta estaría ahí.

Llegó el día domingo y lo bauticé. Se sintió cálidamente renovado. Aún cuando no estaba en el programa, él pidió un momento para dirigirse a los presentes. Dentro de todos sus sentimientos de agradecimiento él mismo dijo: “He buscado la verdad porque mi espíritu lo necesitaba y ahora sé que esta es la verdad que estaba buscando.”

Al domingo siguiente recibió el don del Espíritu Santo. Y al domingo siguiente (hoy), el Sacerdocio de Aarón.

Es increíble como Dios puede obrar con nosotros cuando queremos hacer todo de la mejor manera. Repito: “Sé que Dios tiene milagros preparados para quienes sean dignos de ellos”. Y testifico que ni siquiera es necesario hacer todo perfecto, pero sí hacer lo máximo y lo mejor que podamos. De otra manera Dios no intervendrá con Su mano completamente extendida. Él mismo ha dicho: “Yo, el Señor, estoy obligado cuando hacéis lo que os digo; mas cuando no hacéis lo que os digo, ninguna promesa tenéis.”

La tarea no está completa. Cuando uno tiene un amigo, velará por él siempre. Y ese es el cometido de un miembro misionero. Enseñar, acompañar, velar, recordar y por sobre todo, amar hasta el fin.

 

Artículo elaborado por Hernán Felipe Toledo, miembro de La Iglesia, Ingeniero Industrial, cursando Master, apasionado por la música, con interés en compartir el Evangelio, y aprender de los demás. Ha servido como Secretario de Estaca/Barrio, Maestro de Seminario, Maestro de Instituto, Maestro de Escuela Dominical y en la Presidencia del Quórum de Élderes.

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Hernán Toledo M.
Hernán Toledo M., es miembro, Ingeniero, apasionado por las letras y las artes. Ama enseñar el Evangelio continuamente. Ha servido como Secretario de Estaca/Barrio, Maestro de Instituto de Religión, de Seminario, y Miembro del Sumo Consejo. Actualmente sirve como Director Sala de Prensa para La Iglesia en Chile, Área Sudamérica Sur

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