Preguntas y Respuestas en cuanto a Servir una Misión

Preguntas y Respuestas en cuanto a servir en una misión

 

A medida que se acerca tu tiempo de prestar servicio en una misión, quizá te preguntes: “¿Puedo realmente hacerlo?”. ¡Claro que puedes! Quizá no sea fácil, pero nunca lo lamentarás.

El prepararse para servir en una misión puede ser atemorizante; hay muchas cosas que quizá te preocupen: el dinero, el conocimiento, la timidez; pero no importa cuál sea la preocupación, puedes hallar la seguridad y el valor que necesitas. A continuación figuran algunas preguntas y respuestas comunes que te ayudarán a vencer tus temores y a hallar la fe para seguir adelante.

¿Qué pasa si no sé suficiente en cuanto a las Escrituras o al Evangelio?

 

La preparación misional definitivamente debe incluir aprender sobre el Evangelio, pero no es necesario que sepas todo antes de ir. Por ejemplo, cuando el élder Neil L. Andersen, del Quórum de los Doce Apóstoles, era joven, le preocupaba no estar preparado para servir en una misión. Él dijo: “Recuerdo que al orar decía: ‘Padre Celestial, ¿cómo puedo servir en una misión si tengo tan poco conocimiento?’. Creía en la Iglesia, pero sentía que mi conocimiento espiritual era muy limitado. Al orar, tuve este sentimiento: ‘No lo sabes todo, ¡pero sabes lo suficiente!’”1.

El conocimiento del Evangelio llegará conforme te esfuerces fielmente por aprender los principios del Evangelio y estudies las Escrituras, y no estarás solo. El Espíritu Santo te guiará y tendrás compañeros, líderes misionales y el presidente de misión que te ayudarán en tu empeño. Recuerda lo que el élder Jeffrey R. Holland, del Quórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “La cantidad de fe que tengan o el grado de conocimiento que posean no es lo que importa; es la integridad que demuestren hacia la fe que ya tienen y hacia la verdad que ya conocen”2.

¿Qué pasa si no estoy seguro de tener un testimonio?

 

El obtener un testimonio es una parte vital de la preparación misional. Quizá sientas que tu testimonio es débil, pero crecerá a medida que te esfuerces sinceramente por edificarlo. Simplemente recuerda:

  • Busca momentos de quietud para estudiar y orar. Es necesario que tengas un tiempo en el que puedas sentir la inspiración del Espíritu.

  • Vive el Evangelio. Lee Juan 7:17 para averiguar por qué el hacerlo ayudará a que tu testimonio crezca.

  • Edifica poco a poco. “[Tu] jornada espiritual es un proceso de toda la vida. No lo sabemos todo al principio ni aun durante el camino. Nuestra conversión llega paso a paso”3.

Recuerda también que es muy posible que tu testimonio sea más fuerte de lo que piensas. El élder Holland compartió este relato: “…un jovencito de 14 años me dijo un tanto vacilante: ‘Hermano Holland, todavía no puedo decir que sé que la Iglesia es verdadera, pero creo que lo es’. Le di un abrazo tan fuerte a ese muchacho que casi se le saltaron los ojos; le dije… que la palabra creencia es de gran valor, [que creer] es un acto aun más valioso, y que nunca tenía que disculparse por ‘creer solamente’. Le dije que Cristo mismo dijo: ‘No temas, cree solamente’… Le dije que la creencia era siempre el primer paso hacia la convicción… también le dije cuán orgulloso me sentía de él por la sinceridad de su búsqueda”4.

¿Qué pasa si no me siento digno?

 

Si hay algo que no está bien en tu vida, puedes tomar cartas en el asunto. Tu obispo o presidente de rama te ayudará a saber lo que necesitas hacer para llegar a ser limpio mediante la expiación de Jesucristo. El élder Richard G. Scott, del Quórum de los Doce Apóstoles, ha dicho: “…te insto a no orar para saber si debes ir [a una misión], sino a pedirle al Señor que te guíe en todo sentido para llegar a ser un misionero de tiempo completo digno e investido de poder”5.

Rebekah S., de Rusia, compartió su experiencia: “Aunque me había arrepentido, la culpa y el dolor me hicieron pensar que no podría servir en una misión porque mis errores eran demasiado graves. Sin embargo, mi obispo y mi presidente de estaca me ayudaron a darme cuenta del poder sanador de la Expiación en mi vida. Estoy tan agradecida por el arrepentimiento; la dignidad lo es todo en la misión, no se puede enseñar por medio del Espíritu si no se es digno de ello (véase D. y C. 42:14). Es necesario tener paz en el alma a fin de servir con todo el corazón; es lo que marca la diferencia”.

¿Cómo puedo dejar a mi familia y a mis amigos?

 

Es difícil dejar a los seres queridos, especialmente al saber que las cosas serán diferentes cuando regreses, para tus amigos, para tu familia y especialmente para ti. Quizá te preocupe cómo se las arreglará tu familia sin ti en cuanto al aspecto financiero, o la reacción que tendrán a tu misión; pero el Señor cuidará a los que amas y los bendecirá por tu servicio (véaseD. y C. 100:1). Aunque los extrañes, el Señor te necesita para que ayudes a otras familias a hallar la felicidad del Evangelio. Cree que el Padre Celestial desea lo que es mejor para ti y tu familia, y recuerda: “La fe confía en que Dios tiene grandes cosas reservadas para cada uno de nosotros”6. El Señor tiene bendiciones increíbles reservadas para ti y tu familia a medida que halles la fe para seguir adelante.

¿Qué pasa si no creo poder pagarla?

 

El costo de una misión podría parecer un gran sacrificio, pero el Señor sabe lo que quiere que hagas. El presidente Boyd K. Packer, Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles, ha dicho: “Me dirijo al joven que no tiene ni idea de cómo costearse la misión. Yo tampoco sé cómo. Pero sí sé esto: Si tienes fe y determinación de que irás, habrá una manera”7.

Loran C., de Inglaterra, tuvo esta experiencia: “Apenas estaba empezando a llenar mis papeles para la misión cuando el banco me informó que tenía una deuda considerable de una tarjeta de crédito. Mi obispo y yo establecimos un presupuesto que indicaba cuánto pagaría para la deuda, la misión, el diezmo y mis otros gastos. Requirió mucho sacrificio y pensé que no me sería posible alcanzar mi meta; sin embargo, pagué fielmente el diezmo y el Señor intervino. Un obsequio de un desconocido me facilitó el dinero que necesitaba para terminar de pagar mi deuda y cumplir la meta de servir en una misión”.

¿Qué pasa si soy tan tímido que se me dificulta hablar con las personas?

 

La idea de pasar todo el día, todos los días, hablando con personas que no conoces puede ser difícil. Sam L., de California, EE. UU., recuerda: “Para alguien a quien ni siquiera le gusta abrir la puerta cuando alguien toca la puerta de su casa, la idea de llamar a la puerta de una persona completamente desconocida para hablar del Evangelio parecía imposible.

“En una conferencia de la juventud de estaca, se nos pidió que saliéramos con los misioneros y predicáramos el Evangelio. ¿Salir con misioneros de verdad? ¿A visitar a personas reales? Me sentí nervioso, pero luego recordé un pasaje de las Escrituras: ‘Porque yo, Jehová, soy tu Dios, quien te sostiene de la mano derecha y te dice: No temas, yo te ayudaré’ (Isaías 41:13). Pedí en oración recibir esa ayuda y, aun cuando me sentí incómodo, como de costumbre, sentí que el Espíritu Santo me fortaleció, y hasta entregué dos ejemplares del Libro de Mormón”.

¿Y si interfiere con mis estudios o mi carrera?

 

Quizá pienses que dedicar tiempo a una misión cuando te estás preparando para la universidad o para una carrera equivalga a arriesgar tu futuro, pero ocurre exactamente lo contrario. El Señor desea que tengas éxito y te ayudará. Nada de aquello a lo que renuncies tendrá más valor que el servicio misional que prestes.

Muchas personas jóvenes han tenido que tomar decisiones similares. William H., de Australia, dejó de lado una prometedora carrera de rugby, sin saber si tendría oportunidades de jugar cuando regresara a casa (véase “Una pausa para la misión”, Liahona, junio de 2012, págs. 50–52). Joseph B., de las Filipinas, entró a la oficina del secretario de la universidad, preparado para abandonar la oportunidad de una vida para obtener una educación académica (véase “Ofrécelo en holocausto”, Liahona, septiembre de 2007, págs. 40–42). Ya sea que lo que esperabas que sucediera después de la misión suceda o no, ninguna oportunidad tendrá más valor que el servicio que prestes como misionero.

No te lamentarás

 

El Padre Celestial quiere que seamos felices, y no nos pedirá que hagamos cosas que no nos bendigan ni ayuden. Si haces fielmente lo que el Señor te pide que hagas, aun cuando sea difícil, te darás cuenta de que las bendiciones que recibas son mucho mejores que cualquier cosa que el mundo pueda ofrecerte. Nunca te lamentarás de haber servido en una misión.

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Hernán Toledo M.
Hernán Toledo M., es miembro, Ingeniero, MBA, apasionado por las letras y las artes. Ama enseñar. Ha servido como Secretario de Estaca/Barrio, Maestro de Instituto, de Seminario, y Miembro del Sumo Consejo. Actualmente sirve como Director Sala de Prensa para La Iglesia en Chile, Área Sudamérica Sur

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