Cómo su matrimonio puede sobrevivir al servicio en la iglesia

Por JeaNette Goates Smith

Hace muchos años mi esposo fue llamado a servir como el obispo de un barrio que luchaba seriamente con distintas dificultades. Él pasaba muchas horas en la iglesia, noches visitando a miembros preocupados e interminables horas en el teléfono. Sentía que nuestro matrimonio no sobreviviría.

Tenía que hacer algo sobre lo que el servicio se estaba llevando de mi matrimonio. No podía pedirle a mi esposo que no sirviera, o que sirviera con menos compromiso. Creía en lo que estaba haciendo y sabía que era importante. Tuve que encontrar una manera de salvar nuestro matrimonio y aún apoyar a mi cónyuge en su llamamiento.

Mi extensa búsqueda de la mente dio lugar a un libro, Side by Side: Supporting a Spouse in Church Service (Lado a Lado: Apoyando a un Cónyuge en el Servicio de la Iglesia) que Deseret Book publicó en 2002. Las soluciones que se me ocurrieron me han permitido apoyar con entusiasmo a mi esposo en una serie de llamamientos en la iglesia, incluyendo el llamamiento a servir como Presidente de la Misión a partir de julio próximo.

Las cosas que aprendí pueden ayudar a cualquier pareja que está ansiosamente comprometida en una buena causa que compite con su matrimonio. Si eres el esposo o esposa de un estudiante ocupado, el esposo de un hombre de negocios, el esposo de una dedicada presidenta de la Sociedad de Socorro, o casado con alguien cuidando a un ser querido enfermo, las sugerencias que siguen pueden bendecir tu matrimonio.

Servir juntos

Desarrollé la actitud: “Si es importante para ti, es importante para mí.” Encontré que era muy importante saber por qué compartía a mi esposo en cualquier ocasión en particular. Era mucho más fácil darle la bienvenida a casa dos horas tarde de lo acordado si podía visualizar lo que había estado haciendo. Yo sabía que él estaba ansiosamente comprometido en una “buena causa”, pero “buena causa” era un poco vago para mí. Quería saber cuál había sido una prioridad tan alta que él sacrificaría el tiempo que él había confiado a la familia.

Por lo tanto, comenzó a compartir la naturaleza de los compromisos que lo mantuvieron alejado. Nunca reveló nombres ni detalles que pudieran violar la confidencialidad, pero compartía las circunstancias que me tiraban de las entrañas y me hacían sentir tan preocupado como él.

Compartir la naturaleza específica de su servicio le ayudó a él también. Llegó a poder “cargar” sus preocupaciones en mis hombros, y entonces la carga que llevaba estaba extendida por lo que no la llevaba solo. Saber que me importaba tanto como él lo ayudaba también a sentirse menos culpable por haberse ausentado tanto. Eso, también, alivianó su carga. No estaba tan preocupado por descuidar a su esposa e hijos.

Crecimos más cerca como una pareja cuando compartía conmigo porque en vez de vivir dos vidas separadas, la suya en la iglesia y yo la mía en el hogar, estábamos implicados en la vida del otro. Teníamos mucho más en común porque ambos estábamos preocupados por las mismas causas.

Aconsejar juntos

Cuando el Presidente de la Estaca apartó a mi esposo como obispo del barrio, le dijo a mi esposo que “usara a su esposa como tercera consejera”. Por supuesto, esta no era una vocación oficial ni se refería a mi rol profesional. Era sólo una invitación para que mi marido compartiera ideas con su esposa, para averiguar si otra perspectiva le ayudaría a ver las cosas con más claridad.

Esta práctica resultó ser una tremenda bendición. A menudo, el mero hecho de que mi marido pudiera articular el problema en voz alta le permitió reconocer soluciones antes de que incluso abriera mi boca. Otras veces mis comentarios lo ayudaron a ver la dirección que debería tomar. Ser una caja de resonancia para mi esposo me ayudó a sentirme necesaria, no como si lo estuviera cargando con mi presencia constantemente molestándolo por la atención, pero que mi presencia era una bendición que buscaba en cada oportunidad.

Una causa común

Nos formamos el hábito de servir como compañeros. Cuando asistí al campamento de niñas como consejera el asistió como acompañante. Cuando él estaba a cargo de un evento de estaca, me invitaba a asistir como fotógrafa oficial. Cuando él sirvió como el presidente de una rama de JAS, ambos asistimos al templo con los adultos jóvenes que estaban recibiendo su investiduras por primera vez. Cuando yo era presidenta de las mujeres jovenes mi marido me ayudó a diseñar panfletos (porque él es un artista maravilloso).

Como Terapeuta de Matrimonio y Familia he descubierto que las parejas con las que trabajo tienen matrimonios más fuertes cuando tienen una causa común de la que ambos son apasionados. A veces estas parejas manejan un negocio juntos. A veces comparten la misma afición. A menudo sus hijos son su causa común (que puede presentar un problema cuando los niños se van de casa).

Una de las causas comunes que ha cimentado nuestro matrimonio es el servicio en la iglesia. Nos hemos reído juntos, hemos llorado juntos, hemos celebrado juntos, hemos luchado juntos y hemos crecido juntos. Solíamos pensar que servimos en los llamamientos de la iglesia para bendecir la vida de otros, pero en realidad, nuestro servicio de la iglesia nos ha bendecido a nosotros mismo sobre todas las cosas.

Fuente: LDSMag

 

 

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Camila Meza Lillo

Camila Meza Lillo

Artículo por Camila Meza. En el ejercicio de su profesión de Arquitecto ha aportado a varios proyectos de La Iglesia. Le gusta viajar y aprender de las distintas culturas. Gracias a una de sus pasiones: la música, tuvo la oportunidad de conocer a su esposo, en los coros de Navidad de Instituto.

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