¿Por qué tu Matrimonio necesita desesperadamente el Evangelio?

El matrimonio es trabajo. Ahí lo dije. Recuerdo que cuando salía en la universidad, pensaba: “¡No puedo esperar para terminar con esto y casarme! Eso será mucho más fácil. “Y hasta cierto punto, es más fácil simplemente salir con mi esposo en vez de salir con alguien más, ¡pero siento que fui engañada! Todas las películas, los blogs de estilo de vida y las personas que seguí en Facebook me engañaron por completo. Nos engañaron a todos. No todo se enlaza en cuestión de segundos después del matrimonio, es un trabajo constante.

Ahora, sé que el trabajo tiene una mala connotación. Eso no es lo que trato de decir. El matrimonio es el buen tipo de trabajo. Es el tipo de trabajo al que esperas ir y del que no puedes esperar para contarle a la gente. Habrá días buenos y días malos, pero hay una manera de tener más de los mejores días. Y es tan simple como incluir el evangelio en tu vida y en tu matrimonio todos los días.

Esto es algo con lo que tuve problemas al principio. Mi familia no era increíble en el estudio de las Escrituras o en la Noche de hogar. Sin embargo, éramos buenos para hacer oraciones familiares por la noche. Siempre he sabido que es algo importante y maravilloso: decir oraciones juntos mañana y noche, leer las Escrituras juntos, tener la Noche de Hogar y todo lo anterior … pero no sabía lo bueno que era hasta que el primer verano en que Adam estuvo fuera de casa.

Antes de que mi esposo partiera a trabajar por el verano, éramos realmente buenos al incluir todo el testimonio que forma parte del Evangelio en nuestro matrimonio. Era genial recordarle y él a mi de  leer las Escrituras. Siempre me aseguré de haber dicho la oración de la tarde. Y reservábamos un día especial para ir al templo regularmente. Luego llegó el verano, Adam fue reclutado, y las rutinas se convirtieron en recuerdos.

Al principio nos funcionó leer y orar por teléfono. Luego había noches de retraso cuando no teníamos tiempo o estábamos muy cansados. Y llegó al punto en que lo hacíamos completamente individual o nada. Para cuando  el verano terminó y él regresó a casa, todos y cada uno de los hábitos se habían desvanecido y nos estábamos acostumbrando a estar juntos de nuevo. Pero olvidamos incluir el evangelio, a parte de ir la iglesia los domingos, en nuestras rutinas. Y el matrimonio se convirtió en trabajo.

No fue hasta que un día cuando me sentí realmente perdida y me di cuenta de lo que era diferente. No estábamos leyendo las Escrituras juntos. No estábamos orando constantemente en la mañana o en la noche juntos. Definitivamente no habíamos asistido al templo juntos en meses. Mi corazon se hundio. El trabajo duro en nuestro matrimonio era un reflejo de la falta del espíritu en nuestro hogar. Adam estuvo de acuerdo. Desde entonces hemos hecho un esfuerzo más consciente, ya sea que estemos juntos o separados para volver a poner las prioridades del Evangelio en nuestra vida.

Cuando estamos juntos oramos por la mañana y por la noche, asistimos al templo juntos regularmente, servimos en el barrio y leemos las Escrituras como familia. Cuando estamos separados, oramos al menos una vez al día por teléfono, nos mantenemos en el buen camino para leer las Escrituras y nos apoyamos el uno al  otro para magnificar los llamamientos. Casi instantáneamente, después de esforzarnos y priorizar el evangelio en nuestra vida, nuestro matrimonio se hizo más ligero.

Mantener el evangelio en nuestro matrimonio es lo mejor que hemos hecho. Ya sea que Adám le toque un turno de verano o yo esté de viaje por trabajo, hemos convertido el evangelio en nuestro matrimonio en una prioridad constante. Y honestamente creo que es por eso que tenemos más días buenos que días malos. Todavía es trabajo; es necesario que haya comunicación, confianza y aventura. Pero el evangelio hace que el trabajo sea más fácil.

 

Fuente: MilenialMomrons

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Camila Meza Lillo

Camila Meza Lillo

Artículo por Camila Meza. En el ejercicio de su profesión de Arquitecto ha aportado a varios proyectos de La Iglesia. Le gusta viajar y aprender de las distintas culturas. Gracias a una de sus pasiones: la música, tuvo la oportunidad de conocer a su esposo, en los coros de Navidad de Instituto.

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