Cómo los Sacrificios de Animales se conectan con la Santa Cena

Los lectores del Antiguo Testamento y el Libro de Mormón a menudo se sienten confundidos, sino desconcertados, con el enfoque en el sacrificio animal. ¿Por qué matar animales? La Perla de Gran Precio puede proveer la más relevante y hermosa explicación: “Esto es una semejanza del sacrificio del Unigénito del Padre, el cual es lleno de gracia y de verdad.” (Moisés 5: 7).

Aquí está el contexto del mundo antiguo para saber cómo se entendía el sacrificio, pero empecemos por el mundo moderno.

Nuestro mundo moderno occidentalizado es carnívoro. Somos voraces comedores de carne. Sin embargo, la mayoría de nuestra sociedad está totalmente alejada de las realidades de la producción de carne.

Lo diré simplemente: Algo debe morir para que vivamos.

Cada vez que comemos plantas o animales, algo ha muerto para sostenernos. La muerte, en última instancia, es una parte natural de la vida o, al menos, en el sostenimiento de la vida. Pero nuevamente, la mayoría está completamente aislada y probablemente no está familiarizada con el proceso de criar animales, matarlos y luego preparar sus cuerpos para el consumo. Debido a que hemos industrializado el proceso de producción de carne, muy pocos de nosotros criamos animales y luego los matamos para nuestra cena.

El antiguo Antiguo Testamento y los tiempos del Libro de Mormón eran diferentes. La gente era más cercana al proceso de producción y consumo de carne. La gente vivía con los animales que comían.

Aunque ya no estamos obligados a hacer sacrificios de animales, el significado se conserva  hasta el día de hoy. Consideremos la comida sagrada semanal que llamamos santa cena, o el acto de hacer algo sagrado.

Esta comida simbólica representa la carne y la sangre de Jesucristo. A su vez, el sacrificio de su carne y sangre significó que la carne y la sangre de los animales ya no eran elementos requeridos del sacramento que traía al sacerdote, al pueblo y Dios juntos en la santa comunión. Ahora celebramos esta fiesta comunal de manera sencilla, al menos parece simple desde una perspectiva exterior.

Observe que en nuestra recreación semanal de la Última Cena participan tres personas. Primero, el pueblo se ha reunido – a menudo en familias – pidiendo la presencia y gracia de Dios. Segundo, los sacerdotes están allí para oficiar en el ritual y mediar en la experiencia. De manera análoga a los sacerdotes antiguos, los poseedores del sacerdocio moderno preparan la “carne y la sangre” de la comida sagrada. Finalmente, y lo más importante, Dios se une a la comida sagrada, comunicándose con su pueblo suplicante.

Recuerden las palabras de la oración sacramental, pronunciadas con humildad y precisión por el titular representativo del sacerdocio:

“Oh Dios, Padre Eterno, en el nombre de Jesucristo, tu Hijo, te pedimos que bendigas y santifiques este pan para las almas de todos los que participen de él, para que lo coman en memoria del cuerpo de tu Hijo, y testifiquen ante ti, oh Dios, Padre Eterno, que están dispuestos a tomar sobre sí el nombre de tu Hijo, y a recordarle siempre, y a guardar sus mandamientos que él les ha dado, para que siempre puedan tener su Espíritu consigo. Amén.” (véase   Moroni 4:3 ).

La última frase de este verso, a menudo citado, me ha llegado desde hace mucho tiempo: “que siempre puedan tener su Espíritu consigo.” Si la gente siempre recuerda a Jesucristo, el Cordero de Dios, el sacrificio supremo de carne y hueso, tienen la promesa de que la presencia de Dios siempre estará con ellos.

Ahora piensen en eso. Si la presencia de Dios siempre está con una persona, él o ella siempre conservará la remisión de sus pecados. Debido a que Dios no puede habitar en templos profanos, cuando recordamos a Jesucristo, estamos continuamente accediendo a la Expiación eterna para ser limpios y puros para que la presencia de Dios asista a nuestras vidas.

Así como los individuos y las familias en la antigüedad necesitaban un sacerdote para preparar y bendecir sus sagradas comidas, comidas que dirigían las mentes hacia el Cordero de Dios que sostiene toda la vida, así también en los tiempos modernos las personas se reúnen como individuos y familias para que los poseedores del sacerdocio preparen y bendigan la comida sagrada semanal que renueva nuestra memoria del sacrificio de Cristo y el convenio con Dios.

Fuente: Deseret, Taylor Harvenson

 

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Hernán Toledo M.
Hernán Toledo M., es miembro, Ingeniero, apasionado por las letras y las artes. Ama enseñar el Evangelio continuamente. Ha servido como Secretario de Estaca/Barrio, Maestro de Instituto de Religión, de Seminario, y Miembro del Sumo Consejo. Actualmente sirve como Director Sala de Prensa para La Iglesia en Chile, Área Sudamérica Sur

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