La Lengua de Ángeles: Hacer que nuestro Lenguaje sea más como Cristo

Fue mi último año de escuela secundaria. Estaba en mi clase de Lengua Inglesa cuando mi maestra le dijo a la clase que estudiaríamos groserías en las próximas dos lecciones. Esperé hasta que se explicara la tarea antes de preguntarle a mi maestra si podía omitir este tema en particular. * Ella muy amablemente me dejó. A pesar de no buscar la historia de las malas palabras, aún así logré aprender bastante sobre las blasfemias. Este conocimiento me hizo darme cuenta de algo grande.

Verás, las groserías que conocemos hoy fueron originalmente… solo palabras. Son palabras que tenían definiciones ligeramente diferentes, o incluso las mismas, pero que a través del tiempo ganaron una connotación negativa. Ahora bien, eso no significa que debamos usar palabras malsonantes en su forma original, pero plantea una pregunta interesante:

Si evitamos insultar porque las palabras connotan (implican) y han llegado a denotar (definición real) negatividad, ¿por qué seguimos usando palabras como estúpido, feo, idiota, gordo, etc.?

La mayoría de nosotros sabemos que hay una sección completa dedicada al lenguaje en ‘Para La Fortaleza de la Juventud’. ¿Pero sabías que de las 21 oraciones en la sección, solo UNA es explícitamente sobre las groserías? Espero que ahora se estén preguntando de qué se tratan las otras 20 oraciones. Bueno, déjame explicar.

El estándar del Señor para el lenguaje

“La forma en que te comunicas debe reflejar que tú eres un hijo o una hija de Dios. El lenguaje limpio e inteligente es evidencia de una mente brillante y sana. El buen lenguaje que edifica, que anima y que elogia a los demás invita al Espíritu a estar contigo. Nuestras palabras, como nuestras acciones, deben estar llenas de fe, esperanza y caridad”.

El estándar que la Iglesia ha establecido para el lenguaje tiene tanto que ver con maldecir como lo hacen los huevo en la repostería. Es un paso en la receta, pero si solo horneas huevos… no tendrás un pastel. Los Profetas nos han pedido que tengamos un lenguaje bueno y edificante que esté lleno de fe, esperanza y caridad. Eso significa que no deberíamos usar palabras negativas cuando hablamos de otros, o incluso de nosotros mismos. Ninguna palabra desagradable puede ser buena o caritativa. También significa que no debemos ser pesimistas y negativos de las situaciones en las que nos encontramos, ya que eso es lo opuesto a la fe y la esperanza, y ciertamente no nos eleva a nosotros ni a los demás. Incluso hablar en un tono enojado no cumple con el estándar del Señor para el lenguaje, ya que la ira está ausente de la caridad y la bondad. Y ahora, ¿estás listo para lo más grande?

El sarcasmo no cumple con el estándar para el lenguaje. Por definición, el sarcasmo es “el dicho irónico y cruel con que se ridiculiza, humilla o insulta”. Burlarse no eleva a otros. No anima a otros. Cuando transmites desprecio mediante el uso del sarcasmo, muestras que crees “que una persona o cosa no vale nada o está por debajo de consideración”. Eso no es bueno. No complementa a los demás. No invita al Espíritu a estar contigo.

La lengua de los ángeles

En Efesios 4:29, se nos dice que “ Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de que dé gracia a los oyentes”.  Cada uno de nosotros podría mejorar su lenguaje. En ‘Para la fortaleza de la juventud’ se nos recuerda que si adquirimos el hábito de usar un lenguaje que va en contra del estándar, podemos cambiar. Si oramos pidiendo ayuda y pedimos a nuestros familiares y amigos que nos apoyen en nuestro deseo de utilizar un buen lenguaje.

“Es la misma boca que usas para orar, dar testimonio o bendecir [y participar] de la Santa Cena. Ten cuidado de mantenerla limpia. “(Élder Robert K. Dellenbach, septiembre de 1996)

Fuente: Millenial Mormon

 

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Camila Meza Lillo

Camila Meza Lillo

Artículo por Camila Meza. En el ejercicio de su profesión de Arquitecto ha aportado a varios proyectos de La Iglesia. Le gusta viajar y aprender de las distintas culturas. Gracias a una de sus pasiones: la música, tuvo la oportunidad de conocer a su esposo, en los coros de Navidad de Instituto.

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