Cómo equilibrar el Servir en La Iglesia con nuestra Salud

Apoyar a un cónyuge significa que tanto el esposo como la esposa sirven al Señor. Así que si tu esposo está ansiosamente comprometido(a) en la obra, tu elegirás estar ansiosamente comprometido(a) también. Con dos siervos ansiosamente comprometidos en su casa, puedes estar un poco ansioso por la profundidad y amplitud de la responsabilidad que prevalece en ambas vidas. Tu propio plato se llenará rápidamente, y se te desafiará a encontrar la moderación.

Mi esposo y yo nos hemos esforzado mucho para descubrir el equilibrio mientras ambos están inmersos en el servicio al Señor. Vivir en Florida amplió este desafío.

Ambos crecimos en el desierto, así que cuando nos mudamos a Florida estábamos completamente encantados con toda el agua que nos rodeaba. Compramos una casa a dos millas del Océano Atlántico y a media milla de la Intracoastal Waterway. Vivíamos en un río navegable, lo suficientemente profundo como para atraer a los esquiadores y lo suficientemente angosto para que el viento rara vez agitara las olas. Dentro de una hora en coche, habían lagos de agua dulce, con cabañas a lo largo de las playas y las playas de arena blanca, eran abundantes. No podíamos resistirnos a comprar un bote.
Nuestro presidente de estaca se rió cuando supo que habíamos comprado un bote. “Los mormones no saben cómo usar un bote correctamente”, nos advirtió. Él estaba en lo correcto. Nuestra pequeña nave pasó la mayor parte de su vida en nuestro garaje mientras Bret pasaba sus fines de semana en campamentos de Scouts o moviendo muebles con el quórum de élderes. Cualquier navegante sabe que para usar un bote “correctamente” se requiere desde el viernes después del trabajo y no sacarlo del agua hasta que termine el fin de semana, la noche del domingo.  Los Santos de los Últimos Días creedores, de buen comportamiento y serviciales ciertamente no usan un bote como el resto del mundo usa un bote.
¿Significa esto que los Santos de los Últimos Días no pueden tener un bote? Espero que no. Todos necesitamos un poco de descanso y relajación para mantener nuestras baterías cargadas. Sin embargo, no pasamos todo el fin de semana en el agua en la forma en que muchos otros navegantes lo hacen. Encontrar una manera de servir con todo su corazón, poder, mente y fuerza y aún tener tiempo para recargar tus baterías puede resultar ser un acto de equilibrio. Debes relajarte un poco para tener la energía para servir; Sin embargo, cualquier tiempo que pasas atendiendo a tus propias necesidades es tiempo que puedes pasar atendiendo las necesidades de otra persona. ¿Cómo puedes equilibrar tu capacidad para dar cuando te enfrentas con tus propias necesidades? Creo que la respuesta se encuentra estudiando el principio de la autosuficiencia.

Servir dentro de tus medios

Durante años se les ha aconsejado a los Santos de los Últimos Días que vivan dentro de sus posibilidades. Nos aconsejan saldar las deudas y obtener una educación para que podamos apoyar a nuestras familias; Nos aconsejan no endeudarnos, excepto por un hogar y una educación. El Santo más pobre y el Santo más rico reciben el mismo consejo: vivan dentro de sus posibilidades y no gasten más dinero de lo que ganan.

Una razón para el consejo es simple: si vivimos dentro de nuestros medios, no nos convertiremos en una carga para los demás. Aquellos que cuidan de sí mismos financieramente no deben imponer a los demás la ayuda financiera. Los santos que siguen el consejo de los Apóstoles y se evitan las deudas y viven dentro de sus medios se llaman autosuficientes.

 El principio de autosuficiencia se aplica a nuestros recursos emocionales, así como a nuestros recursos financieros. Puedes estar en la ruina emocionalmente de igual manera a como tu puedes arruinarte financieramente si das más de lo que posees. Si te permites desanimarte, deprimirte o “quemarte”, es una bancarrota emocional. Si estuvieras emocionalmente en quiebra, no sólo serías incapaz de dar, podrías potencialmente convertirte en una carga para los demás.

¿Alguna vez has conocido a alguien que trabajó muy duro sirviendo en un llamamiento en particular, y entonces cuando la persona fue relevada él o ella se volvió completamente inactivo en la Iglesia? ¿Conoces a personas que han tenido testimonios pero que se han ofendido y han abandonado la Iglesia? ¿Con qué frecuencia las personas que sirven valientemente durante años de repente deciden que “necesitan un descanso” y se niegan a aceptar los llamamientos?

La gente en estas situaciones no sólo están en bancarrota espiritual, sino que a menudo también están en bancarrota emocional. Las personas que se cuidan emocionalmente y espiritualmente pueden evitar estas situaciones. Los miembros que sirven dentro de sus posibilidades pueden evitar la bancarrota emocional. No necesitan nunca ofenderse, desalentarse, enojarse o resentirse.

Todos podemos servir dentro de nuestros medios y así asegurar que permanezcamos emocionalmente sanos. Servir dentro de tus medios requiere que tomes estos pasos: primero, descubre tus limitaciones; Segundo, acepta tus limitaciones; Tercero, honrar esas limitaciones; Y cuarto, revelar tus limitaciones.

Descubre tus limitaciones

Tu maravilloso cuerpo te dirá cuándo está sirviendo más allá de tu capacidad de soportar. Tu cuerpo incluso te dirá qué actividades en tu vida están causando más estrés. Presta atención a las señales de tu cuerpo. Cuando sientas dolor, fatiga o irritabilidad que parezcan irrazonables, considera la posibilidad de que estás sobrecargado.

Tal vez estás sirviendo más allá de tu capacidad. Miembros de la Iglesia han compartido conmigo los siguientes síntomas que experimentan cuando reconocen que están sintiendo demasiado estrés:

  • Impaciencia (irritación con los miembros de la familia)
  • Falta de energía (difícil de levantarse de la cama por la mañana)
  • Dolor de espalda
  • Dolor de cuello
  • Dolores de cabeza frecuentes y excesivamente dolorosos
  • Dolor de garganta que no es viral o bacteriano
  • Malestar gastrointestinal (úlceras, diarrea, reflujo)
  • Disminución de la respuesta inmunitaria (la tendencia a atrapar cada virus que flote)
  • Insomnio
  • Herpes labial crónico y acné

Tales síntomas, ya sean instigados por el estrés o exacerbados por el estrés, son las señales de advertencia del cuerpo para disminuir la velocidad.

Cuando era más joven no pensaba que tenía limitaciones hasta que una lección dolorosa me enseñó lo contrario. Un año nuestro barrio planeó un viaje al Templo de Atlanta, a seis o siete horas de viaje desde nuestra casa en Jacksonville. Nos juntamos en la capilla un jueves por la noche, y fuimos en coche hasta que se hizo de mañana, llegando al templo justo a tiempo para la apertura. Al llegar al templo el viernes por la mañana, comenzamos a participar de sesiones de investiduras una y otra vez. La mayor parte de nuestro grupo se detuvo para almorzar y comió en la cafetería del templo, luego asistió a las sesiones de nuevo después del almuerzo. Yo no había asistido al templo tan amenudo debido a mis niños pequeños en casa, así que decidí que mientras estuviera allí iba a entrar en tantas sesiones como yo podría. Me salté el almuerzo y entré en otra sesión. El resto de nuestro grupo terminó su día alrededor de 7 pm, pero de nuevo, siempre y cuando el templo estuviera todavía abierto, decidí entrar a un par de sesiones más. En total, terminé siete sesiones de investidura ese día. En el camino de regreso a nuestro hotel esa noche me detuve en Hardee’s y comimos una hamburguesa, entonces me tumbé en la cama agotado y no me moví toda la noche (!a pesar del hecho de que estaba durmiendo en una cama de hotel!

A la mañana siguiente nos levantamos temprano para completar algunas sesiones más, y me sentía horrible. Sentía náuseas y débilidad. Debía de haberme visto horrible también, porque mientras esperaba para comenzar una sesión de investidura el sábado por la mañana, un amable obrero del templo se me acercó y me preguntó si estaba bien. Admití que no me sentía muy bien, pero insistí en que era capaz de completar la sesión.

Alrededor del mediodía nuestro grupo se subió a la casa rodante del obispo y regresó a Jacksonville. Me sentí aún peor en el camino de regreso. Para el sábado por la noche había duplicado el dolor. Por primera vez en mi vida rogué a mi esposo una bendición. La bendición del sacerdocio me permitió aguantar el fin de semana, y el lunes por la mañana fui al médico.

Una serie de pruebas reveló que tenía una hernia hiatal. Comer una hamburguesa con cebollas crudas y dormir toda la noche acostado sobre mi estómago había endurecido mi esófago. Recibí todo tipo de medicamentos e instrucciones, incluyendo “Nunca coma justo antes de acostarse” y “Nunca duerma sobre su estómago”.

Esta experiencia me enseñó que yo no era una “mujer maravilla”. Necesitaba descansos igual que otros mortales en este planeta. Necesitaba abrir paso y darle a mi cuerpo la oportunidad de recuperarse para poder seguir funcionando. Si hubiera realizado menos sesiones de investidura y comido la cena a una hora normal, no hubiera tenido que dormir con el estómago lleno. Si no hubiera estado tan agotada, no me habría quedado en la misma posición toda la noche, permitiendo que esa cebolla cruda erosionara mi esófago. Podría haberme ahorrado mucho dolor si hubiera aceptado mis limitaciones y hubiera servido a un nivel moderado en lugar de trabajar en un ritmo vertiginoso y “récord”.

Descubrir tus limitaciones y aceptar tus limitaciones puede tomar un poco de tiempo mientras te esfuerzas y aprendes hasta dónde puedes llegar antes de “golpear la pared”. Una vez que sepas tus limitaciones, debes aceptar esas limitaciones y resistir la tentación de empujarte más allá de tus límites. Ir más allá de tu capacidad puede frustrar tu capacidad de servir en cualquier nivel.

 Fuente: LDS Magazine

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Camila Meza Lillo

Camila Meza Lillo

Artículo por Camila Meza. En el ejercicio de su profesión de Arquitecto ha aportado a varios proyectos de La Iglesia. Le gusta viajar y aprender de las distintas culturas. Gracias a una de sus pasiones: la música, tuvo la oportunidad de conocer a su esposo, en los coros de Navidad de Instituto.

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