¿Al Orar debemos evitar Repetir el nombre del Padre?

Por Dastin Cruz


La oración son más que palabras que expresamos a Dios; es una comunicación en dos direcciones entre Dios y Sus hijos. En el diccionario bíblico en ingles se explica que: “La oración es el acto mediante el cual la voluntad del Padre y la voluntad del hijo entran en correspondencia la una con la otra. La finalidad de la oración no es cambiar la voluntad de Dios, sino obtener para nosotros y para otras personas las bendiciones que Dios ya esté dispuesto a otorgarnos, pero que debemos solicitar a fin de recibirlas” (Bible Dictionary, “Prayer”). Ese modelo de unión de voluntad en la oración, como el de Cristo con el Padre provee oraciones perfectas en donde “el Espíritu revela por inspiración las palabras que se deben usar (3 Nefi 19:24.)” (Bruce R. McConkie, Mormon doctrine, 2a. ed., 1966, pág. 583)
En la Iglesia se usan oraciones preestablecidas sólo en las ordenanzas del templo, en las dos oraciones sacramentales, y en la oración bautismal en todos los demás casos los Santos de los Últimos Días se expresan con sus propias palabras. Los Santos de los Últimos Días oramos al Padre en el nombre de Jesucristo siguiendo el ejemplo de Cristo al instruir a sus discípulos a orar (Mateo 6:9 , 3 Nefi 13:9). Jesús empleó un lenguaje sencillo evitando las vanas repeticiones y frases floridas (Mat. 6: 5-13 ; 3 Nefi 13: 5-13; 19: 20-23, 28-29 ; cf.3 Nefi 17:14-17 ; 19:31-34 ).

Para los Santos de los Últimos Días es más importante los sentimientos que acompañan a la oración, que las palabras en sí. Sin embargo a través de los lideres se nos han dado ciertas recomendaciones como usar un lenguaje apropiado (se debe usar el tú, por ejemplo, nunca el usted) y el “evitar la repetición innecesaria del nombre de Dios en la oración (Encyclopedia of Mormonism, 1992, “Prayer,” págs. 1118–19)

El Élder Bruce R. McConkie citando al Presidente Francis M. Lyman, quien fue un miembro del Quórum de los Doce Apóstoles escribió:

No es necesario ofrecer oraciones largas y tediosas al comenzar o cerrar las reuniones. No solamente no complace al Señor que usemos demasiadas palabras, sino que tampoco complace a los Santos de los Últimos Días… Debemos tomar en cuenta la ocasión, y dejar que la oración se ajuste a ella exactamente. A veces nuestros hábitos puedan controlarnos más que el Espíritu del Señor, por lo que deberemos considerar lo siguiente. Ofrezca oraciones cortas, evitando vanas repeticiones, particularmente la repetición del nombre de la Deidad, y el nombre del Salvador… Si nos acercamos al Padre y ofrecemos nuestros pedidos y entonces cerramos en el nombre de Cristo, es suficiente. No hay una oración tan grande ni tan importante que necesite usar el nombre del Hijo de Dios y del Padre más de una vez.” (Bruce R. McConkie, Mormon doctrine, 2a. ed., 1966, pág. 583)

Más recientemente el Élder J. Devn Cornish de los Setenta dijo: “Tenemos el privilegio de dirigirnos directamente a nuestro Padre, y no oramos a ningún otro ser. Tengan presente que se nos ha aconsejado evitar repeticiones, incluso usar el nombre del Padre con demasiada frecuencia cuando oramos.” (“El privilegio de la oración” J. Devn Cornish, Conferencia general, Octubre 2011)

Otras recomendaciones que menciona el Élder Bruce R. McConkie, son que las oraciones públicas deben ser cortas y comúnmente no deben incluir expresiones fuera de las necesidades y circunstancias involucradas con la reunión en donde se de. No deben ser sermones ni ocasiones para demostrar las habilidades lingüísticas y orales de los portavoces. Sin embargo también señala que las oraciones privadas y personales pueden ser tan largas como lo deseen quienes las ofrecen; Enós por ejemplo, oró todo el día, hasta que hubo entrado la noche (Enós 4). De las escrituras aprendemos que solo en pocas ocasiones se ha repetido el nombre del Padre al orar (Juan 17, Alma 31) pero han sido en situaciones u acontecimientos especiales de carácter sagrado, tal como cuando los discípulos nefitas oraron a Jesús (3 Nefi 19:18, 24–25, 30).

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Hernán Toledo M.
Hernán Toledo M., es miembro, Ingeniero, apasionado por las letras y las artes. Ama enseñar el Evangelio continuamente. Ha servido como Secretario de Estaca/Barrio, Maestro de Instituto de Religión y de Seminario, Miembro del Sumo Consejo. Actualmente sirve como Administrador Sala de Prensa para La Iglesia en el Área Sudamérica Sur.

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