5 cosas que los Lamanitas hicieron bien

¿Qué palabras vienen a la mente cuando piensas en los Lamanitas? Si eres como yo, probablemente pensaste en palabras como malvados, injustos, o incluso sanguinarios. Pero olvidamos que aunque hay Lamanitas en el Libro de Mormón que encajan en esta descripción, también hay muchos Nefitas que encajan en esa descripción. Si miramos un poco más cerca, los estereotipos dados a los Lamanitas y Nefitas pueden no sólo ser falsos, sino también inútiles en nuestros esfuerzos por amar a nuestro prójimo y “aplicar las Escrituras a nosotros mismos”.

El presidente Thomas S. Monson nos enseñó que la caridad es “aceptar las debilidades y los defectos. Es aceptar a las personas como realmente son. Es ver, más que las apariencias físicas, los atributos que no empalidecerán con el tiempo. Es resistir el impulso de categorizar a otras personas.” (“La caridad nunca deja de ser”, Conferencia General de Octubre, 2010).

En mi mente, los Lamanitas representan a “otros” o aquellos que pueden estar fuera de nuestra fe, familia, o diferentes de nosotros de alguna manera. Pero si nos tomamos el tiempo para mirar más allá de sus apariencias y estudiar algunas de las cosas buenas que los “Lamanitas” hicieron en el Libro de Mormón, podríamos sorprendernos de lo que podemos aprender de ellos. Sé que aprecio cuando las personas toman el tiempo para conocerme personalmente en vez de formar sus opiniones basadas en una o dos de mis cualidades o las acciones de los miembros de mi familia (gracias Laman y Lemuel).

Con esto en mente, echemos un vistazo a algunas de las buenas características del pueblo Lamanita.

Los lamanitas valoran mucho la familia.

En Jacob 2, el profeta Jacob se entristece cuando es testigo de los muchos Nefitas que habían “quebrantado los corazones de vuestras tiernas esposas y perdido la confianza de vuestros hijos por causa de los malos ejemplos que les habéis dado” (Jacob 2:35) . De este lamento, aprendemos que muchos de los Nefitas en este tiempo fueron infieles y actuaron de maneras que destruyeron a sus familias. Jacob usó el ejemplo justo de los Lamanitas mientras enseñaba:

“Y se esfuerzan por guardar este mandamiento; por tanto, a causa de esta observancia en cumplir con este mandamiento, el Señor Dios no los destruirá, sino que será misericordioso para con ellos, y algún día llegarán a ser un pueblo bendito.

He aquí, sus maridos aman a sus esposas, y sus esposas aman a sus maridos, y sus esposos y esposas aman a sus hijos; y su incredulidad y su odio contra vosotros se deben a la iniquidad de sus padres; por tanto, ¿cuánto mejores sois vosotros que ellos a la vista de vuestro gran Creador?” (Jacob 3: 6-7).

¿Qué nos enseña esto? Los Lamanitas amaban a sus familias y los trataban con respeto. Del mismo modo todos nosotros estamos aquí en esta tierra para apoyarnos unos a otros mientras aprendemos de las experiencias de la mortalidad y nos preparamos para vivir eternamente con nuestras familias. Muestre a sus hijos y esposo que usted los ama. Hagan la Noche de Hogar y Consejos familiares. Estudien las Escrituras juntos. Cuando sigan el ejemplo de estos Lamanitas justos, sus familia se fortalecerán y su fe y su amor aumentarán.

Los Lamanitas justos tenían una fe increíble.

Como misionero, fui inspirado por la fe de los grandes mensajeros Nefitas que viajaron a tierras “enemigas” de los Lamanitas para compartir el evangelio. Sin embargo, a lo largo de los años, he comenzado a apreciar la tremenda fe demostrada por aquellos que aceptan el evangelio.

Uno de los ejemplos más obvios es la reina Lamanita en Alma 19. Ammón le enseñó al rey Lamanita, Lamoni, acerca del plan de salvación. El rey Lamoni, reconociendo sus pecados, cayó a la tierra por dos días mientras suplicaba por la misericordia del Señor. Sus siervos pensaron que estaba muerto y se disponían a enterrarlo, pero la reina llamó a Ammón. A pesar de crecer sin la misma creencia o conocimiento tradicional de Dios como los Nefitas, creyó que Amón era un profeta que podía “hacer muchas obras poderosas en Su nombre”. Amón relata de su fe milagrosa en Alma 19:10, que dice: “Y le dijo Ammón: Bendita eres por tu fe excepcional; y te digo, mujer, que nunca ha habido tan grande fe entre todo el pueblo Nefita.”

Debido a la fe de la reina Lamanita, su esposo volvió a levantarse y ayudó a presentar a su propio padre, el rey de todos los Lamanitas, al evangelio. Después de la conversión del rey Lamoni, Aarón, hermano de Ammón, le enseñó al rey acerca de la Expiación de Jesucristo. A cambio, el rey concedió a Ammón y a sus hermanos el paso seguro por sus tierras para enseñar a su pueblo. En Alma 23, aprendemos que “miles fueron llevados al conocimiento del Señor” y “como muchos de los Lamanitas que creyeron en su predicación y se convirtieron al Señor, nunca se apartaron”.

La fe requerida de los Lamanitas para volcarse a las enseñanzas de sus enemigos era tremenda. ¡Qué ejemplo tan inspirador de cómo la fe puede ayudarnos a superar una increíble oposición en nuestras vidas!

Una vez convertidos, los Lamanitas no vacilaron.

Una vez convertida, esta nación de discípulos Lamanitas se llamó a sí mismos Anti-Nefi-Lehitas. Cuando se enteraron de que los Amalecitas y los Amulonitas (disidentes Nefitas) habían incitado a sus hermanos Lamanitas a guerra contra ellos por su nueva fe, permanecieron firmes en sus convenios.

“Y ahora bien, hermanos míos, si nuestros hermanos intentan destruirnos, he aquí, esconderemos nuestras espadas, sí, las enterraremos en lo profundo de la tierra para que se conserven lustrosas, como testimonio en el último día, de que nunca las hemos usado; y si nuestros hermanos nos destruyen, he aquí, iremos a nuestro Dios y seremos salvos. “(Alma 24:16).

Estos lamanitas valoraban la Expiación de Jesucristo y estaban tan agradecidos que sus pecados habían sido perdonados que arriesgaron sus vidas en contraposición a romper su pacto. Aprendemos que miles de Anti-Nefi-Lehitas fueron asesinados por sus hermanos frente a los atacantes Lamanitas, los cuales”arrojaron al suelo sus armas de guerra” (Alma 24:25), avergonzados mientras veían a los Anti-Nefi-Lehitas orar a Dios y dar gracias mientras estaban siendo asesinados. A causa del ejemplo de los Lamanitas convertidos, más de mil de sus hermanos y hermanas Lamanitas fueron llevados al conocimiento de la verdad y se unieron a los Anti-Nefi-Lehitas.

Vemos otro ejemplo de su conversión un poco más tarde en el Libro de Mormón. Unos cuantos años antes de la visita del Salvador a las Américas, el pueblo “se ensalzaron hasta el orgullo y la jactancia, por razón de sus sumamente grandes riquezas, sí, al grado de causar grandes persecuciones” (3 Nefi 6:10). Al igual que en la actualidad, hubo una gran “desigualdad” en la tierra, y todos fueron divididos de acuerdo a sus “sus riquezas y sus oportunidades para instruirse” (3 Nefi 6:12).

Pero a pesar de las persecuciones, los Lamanitas fueron los que “se habían convertido a la verdadera fe; y no quisieron separarse de ella, porque eran firmes, inquebrantables e inmutables; y estaban dispuestos a guardar los mandamientos del Señor con toda diligencia.” (3 Nefi 6:14).

¡Qué maravilloso ejemplo de conversión! Una vez que los Lamanitas se volvieron al evangelio, dedicaron sus vidas a guardar los mandamientos y no se separaron de él.

Para alcanzar la exaltación, cada uno de nosotros debe convertirse verdaderamente. Los Lamanitas ofrecen un ejemplo sorprendente de cómo permanecer firmes en nuestros convenios frente a la adversidad. Al igual que hoy, los Lamanitas se enfrentaron a la oposición de individuos en sus comunidades, miembros de su propia iglesia y otros en el mundo que lucharon contra la justicia. Y si bien nosotros no enfrentamos la muerte por nuestras creencias, a menudo nos enfrentamos a otras persecuciones o críticas que podemos responder de la misma manera que los Lamanitas convertidos: con fe y paciencia.

Los lamanitas guardaban registros.

Sabemos que los profetas Nefitas y los reyes registraron su historia y revelaciones en planchas de oro que fueron recompiladas por Mormón y finalmente traducidas por José Smith como el Libro de Mormón. Pero, ¿fueron los Nefitas los únicos que guardaban registros?

En Mosíah 24, aprendemos que el rey Lamán instruyó a Amulón y a sus hermanos para que enseñaran a los Lamanitas el lenguaje de Nefi. Los lamanitas fueron descritos en ese momento como “un pueblo amistoso”; Sin embargo, ellos no conocían a Dios “. Amulón le enseñó a los lamanitas que”debían llevar sus anales, y que se escribiesen unos a otros.”(Mosíah 24:6).

Además, en Helamán 3, aprendemos que “hay muchos libros y muchos anales de todas clases; y los han llevado mayormente los nefitas.” y que “no puede incluirse en esta obra la centésima parte de los hechos de este pueblo, sí, la historia de los Lamanitas y de los Nefitas”.

Los registros eran principalmente mantenidos por los Nefitas, pero no exclusivamente. Si leyéramos los registros Lamanitas, ¿qué aprenderíamos? Quizás podríamos aprender cuán precioso es el evangelio en nuestras vidas. El pueblo Lamanita ofrece una perspectiva única. Muchos de ellos crecieron fuera de la iglesia y luego aceptaron el evangelio más tarde en sus vidas. Experimentar este contraste probablemente contribuyó a su dedicada búsqueda de una vida centrada en Cristo.

Habían profetas Lamanitas.

Uno de los eventos más esperados que nuestro mundo conoció fue el nacimiento de Jesucristo. ¿A quién llamó el Señor para profetizar su inminente llegada a las Américas? Samuel, un Lamanita por descendencia. En Helamán 14, Samuel profetizó que habrá “grandes luces en el cielo” y “aparecerá una nueva estrella” junto con “muchas señales y prodigios en el cielo” que “os llenaréis de asombro y admiración, a tal grado que caeréis al suel”. También reveló las señales que ocurrirían tras la muerte de Cristo. Samuel declaró que “el sol se oscurecerá y se negará a dar su luz por espacio de tres días”.

Samuel dijo a los nefitas: “Y ahora bien, porque soy lamanita, y os he hablado las palabras que el Señor me ha mandado, y porque fue duro para vosotros, os enojáis conmigo, y tratáis de destruirme, y me habéis echado de entre vosotros.”(Helamán 14:10). En otras palabras, como Samuel era un Lamanita, o no era parte del pueblo “escogido”, los nefitas ignoraron sus enseñanzas. ¿Qué debemos aprender de esto?

Creo que el Señor nos está enseñando una verdad importante. Todos nosotros podemos ser instrumentos en Sus manos independientemente de nuestras etnias, géneros, edades o nacionalidades. El juzgar a otros nos impide ver a nuestros hermanos y hermanas como verdaderamente son, hijos e hijas de Dios, y nos limita a ver la verdad y la justicia.

 

¿Quieres ser un Lamanita?

La página del título del Libro de Mormón dice que es “un compendio de los anales del pueblo de Nefi, así como de los Lamanitas — Escrito a los Lamanitas,”. El Libro de Mormón fue escrito para los Lamanitas y para nosotros hoy en día. Entonces, ¿qué debemos aprender de la historia de los Lamanitas?

Cada vez que leo el Libro de Mormón y pongo atención a la historia de los Lamanitas, veo cómo el Señor es misericordioso y cómo está dispuesto a extender Su mano amorosa a aquellos que están haciendo todo lo posible para vivir el evangelio. Esto me da la esperanza de que el Señor reconoce mis esfuerzos y que cada uno de Sus hijos son valiosos. Espero que podamos mirar más allá de las apariencias, estereotipos y etiquetas,  y que podamos reconocer la belleza interior y convertirnos en verdaderos discípulos de Jesucristo.

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Hernán Toledo M.
Hernán Toledo M., es miembro, Ingeniero, apasionado por las letras y las artes. Ama enseñar el Evangelio continuamente. Ha servido como Secretario de Estaca/Barrio, Maestro de Instituto de Religión, de Seminario, y Miembro del Sumo Consejo. Actualmente sirve como Director Sala de Prensa para La Iglesia en Chile, Área Sudamérica Sur

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