4 Maneras en las que pedir Ayuda me fortalecieron como Madre

Ahi estaba. Una madre primeriza, sola en mi habitación a las 3:00 de la mañana con una niña de un mes que no había dejado de llorar por seis horas y no quería comer. Este fue el punto más bajo de mi ansiedad postparto. Mi esposo estaba de viaje por trabajo, como a menudo lo está, y yo me quedé en casa para cuidar de nuestra recién nacida yo sola.

Me sentía derrumbada. Todo lo que podía pensar era: “¿Cómo se supone que debo tener aún más hijos si será siempre tan difícil y no tengo ayuda?”

Sentirme deprimida y ansiosa era nuevo para mí. Siempre había sido positiva: la hermana optimista en la Sociedad de Socorro, la amiga que siempre animaba a los demás. Así que sentirme aterrorizada y sola todo el tiempo era territorio extranjero.

Después de esa desgarradora noche, supe que no podría vivir de esta manera para siempre. Mi marido, constantemente viajando. Mi hija, constantemente llorando. Yo siempre llorando. Pero no quería admitir que necesitaba ayuda. Yo siempre fui la ayudante, nunca la ayudada. Incluso mi terapeuta postparto me había prescrito un antidepresivo que no quería tomar porque significaría que necesitaba ayuda.

Un mes después mi hija, Grace, la iban a operar, y mi marido, Christian, se estaba preparando para otro viaje. Decidí llamar a las tropas. Le dije a Christian que podía pedir ayuda a mis maestras visitantes mientras él estaba fuera. Él pensó que era una gran idea. Mi mensaje de texto para ellas fue simple: “Hola. Pensé que deberían saber que Grace tuvo su cirugía hoy, y Christian se va por una semana entera. Así que supongo que esto es un pseudo SOS”.

Y por extraño que esto suene, me sentí realmente avergonzada pidiéndoles ayuda. Sé que para eso son las maestras visitantes, pero todavía me sentía como un caso de caridad. Es decir, hasta que las tropas realmente aparecieron. De repente tuve visitantes todos los días, invitaciones a la cena todas las noches, madres con experiencia me enseñaron a envolver bien a mi bebé, y las madres jóvenes empatizar conmigo. Era como si toda la Sociedad de Socorro de mi barrio estuviera en una hipérbole.

Y haber probado un poco de ayuda me hizo tener hambre de más. Quería aprovechar todos los recursos que antes había sido demasiado terca para disfrutar. Empecé a tomar mi medicación antidepresiva. Asistí a un grupo de terapia para nuevas mamás. Llamé a mi mamá y a mis amigos cada semana, que viven al otro lado del país. Y confié más en mi esposo y en el Señor.

Se nos enseña que los verdaderos discípulos de Jesucristo se esfuerzan por servir a los demás. Pero, ¿hemos decidido inconscientemente que, a la inversa, los que piden ayuda son inferiores de alguna manera? ¿Es por eso que luché por tanto tiempo para buscar ayuda?

Esta pregunta me impresionó cuando estaba leyendo un libro de Brené Brown. En el, ella dice: “Muchos de nosotros estamos dispuestos a extender una mano amiga, pero somos muy reticentes a buscar ayuda cuando la necesitamos nosotros mismos. Es como si hubiéramos dividido el mundo en “aquellos que ofrecen ayuda” y “aquellos que necesitan ayuda.” La verdad es que somos ambos”.

Desde que empecé a pedir ayuda activamente cuando la necesito, he notado algunas bendiciones en mi vida. Éstas son sólo algunas:

1. Menos orgullo. Puede parecer contradictorio jactarse de tener menos orgullo. Pero esto no es jactancia. Cuando acepté el hecho de que necesitaba ayuda, tuve que descartar mi orgullo. Tuve que dejar de preocuparme si la gente me veía como cuando no me había lavado el cabello en tres días. Dejar mi guardia así me obligó a dejar de lado mi orgullo. Tuve que echar a un lado a la orgullosa ayudante que una vez fui y convertirme en una humilde ayudada. Pensé que estaba siendo humilde ante el Señor constantemente orando por Su ayuda, pero yo sin saberlo había sido demasiado orgullosa para recibir la ayuda que estaba tratando de enviarme.

2. Me siento más cerca de mi Padre Celestial. Durante esas primeras semanas de depresión posparto, a menudo me sentía frustrada porque no me sentía cerca de Dios, especialmente porque lo necesitaba más que nunca. No fue hasta que le pedí ayuda a otros que me di cuenta de que Dios realmente me estaba ayudando a través de ellos. Y esa fue una manifestación tangible de Su amor por mí.

3. Mejores amistades con mis hermanas de la Sociedad de Socorro. El Espíritu no puede venir y doblar mi ropa, pero mis hermanas de la Sociedad de Socorro sí lo hicieron. Me hice de buenas amigas con mujeres que nunca habría hecho amistad por mi cuenta. Las conversaciones uno-a-uno que tuvimos realmente me hicieron sentir más conectada con estas mujeres que eran 30-40 años mayores que yo.

4. Una relación más cercana con mi marido e hija. Cuando empecé a reunirme con un profesional de la salud mental postparto y a tomar medicamentos, empecé a sentirme como yo misma otra vez. Dejé de sentirme culpable o estresada cada vez que Grace lloraba. Y eso me permitió sentir mucho más amor por ella. Y aunque mi marido estaba tan ocupado, las conversaciones que tenemos se han vuelto más significativas porque yo no estoy tan estresada por las cenas o lavar los platos. Pude confiar en él cómo me sentía, lo que me hizo sentir mucho más cerca de él.

Ahora me doy cuenta de que Dios espera que necesitamos ayuda. No estamos destinados a pasar por esta vida por nuestra cuenta. Y Él proveerá a nuestras necesidades, particularmente a través de quienes nos rodean, si tenemos el valor y la humildad de pedir.

 

Fuente: ldsliving

Comenta con tu Facebook

Comentarios

Share on Google+Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Tumblr
The following two tabs change content below.
Camila Meza Lillo

Camila Meza Lillo

Artículo por Camila Meza. En el ejercicio de su profesión de Arquitecto ha aportado a varios proyectos de La Iglesia. Le gusta viajar y aprender de las distintas culturas. Gracias a una de sus pasiones: la música, tuvo la oportunidad de conocer a su esposo, en los coros de Navidad de Instituto.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *